Como en Oriente por un par de horas

«Por Claudia Patiño»

foto01_nota02_2014Fuente: Hisui – D

La lluvia se toma Temuco, pero poco importa. Justo al frente de la vacía Iglesia San Francisco, en las dependencias de la Universidad Católica, decenas de jóvenes, niños y adultos se reúnen luciendo coloridos disfraces que desentonan totalmente con el gris del día. Y es que los eventos relacionados con la cultura asiática se han vuelto tan populares en Temuco que da absolutamente igual si se cae el cielo: el público no se los pierde y la evidencia está en Cosparty.

foto02_nota02_2014Fuente: Blake Fotografía

Cosparty es un evento que ya lleva más de once años en la región  y que, si bien en sus inicios daba espacio exclusivamente para presentaciones de cosplay hoy en día se ha expandido a otras ramas de la cultura asiática como presentaciones de baile de k-pop y karaoke. En Temuco, existen varias otras instancias similares a Cosparty, tales como Minami, evento desarrollado en Inacap, o Daigakusai en la Ufro.

Tras intentar reconocer algún disfraz apoyada en mi limitado conocimiento de anime, pregunto por algún organizador del evento a un guardia y le digo que soy periodista. Aún no lo soy, pero sirve para ahorrar palabras. Cuando Juan Carlos Ávila –el organizador– se acerca, parece confundido, casi decepcionado. Aparentemente le dijeron “periodista” y él se imaginó cámaras y micrófonos, quizás Bío-Bío o TVN. De todas formas, de lo que no está decepcionado Ávila es de Cosparty, que en su quinta versión ha logrado juntar a mucha, demasiada gente que pareciera no caber en la universidad.

Ahora bien, ¿pero qué es exactamente el cosplay?

La palabra cosplay, que proviene de los términos en inglés costume y play, se traduce como la actividad en la que fanáticos imitan a personajes de comics, series, anime, manga, etcétera. Generalmente, el plato fuerte de este tipo de eventos son precisamente las presentaciones de cosplay, en las que jóvenes y niños se paran en un escenario y en menos de treinta segundos emulan a sus personajes favoritos.

Ronald Jara, quien participa realizando cosplay, explica que lo entretenido de hacer esta actividad es que es precisamente el participante el que construye el vestuario.

foto03_nota02_2014Fuente: Hisui – D

Y es que el arte de la imitación está en todos lados. Nadie tiene ojos rasgados, pero todos hacen algo proveniente de Asia, a pesar de que estamos en la Católica y a pasos de aquí hay un puesto de sopaipillas. Hoy no importan las sopaipillas. Ésta es la instancia para sacar el asiático que llevamos dentro y comprar ramen coreano a un precio bastante alto: mil quinientos por unos fideos tan radiactivos como las sopas Maruchan.

La cuota de consumismo no está exenta de estos eventos, ya que en la mayoría existen diferentes stands que se ocupan de vender productos de origen asiático, como comida, gorros, libretas, posters, lápices, figuras de colección y cientos de objetos que obligan a abrir la billetera y sacar dinero. Realmente no importa la función de lo que se compre, el hecho de que tenga letras japonesas o chinas ya es un poco conquistador.

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Por supuesto que para el público la presencia de los stands es un requisito, la prueba de ello es no poder acercarse a los mesones porque la multitud no deja caminar. Aun así, consigo arrastrarme junto a la masa, logro comprar un lápiz y creo sentirme en Japón.

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Carla Andrade, dueña de una de las tiendas que exhibe sus productos en los stands. Vino desde Concepción, especialmente a vender artículos traídos desde Asia.

Los y las jóvenes que hacen cosplay, desde disfraces de Sailor Moon hasta aquellos que los más expertos reconocen, tienen su minuto de fama: todos quieren sacarse fotos con ellos o simplemente les sacan fotos posando dramáticamente. En los bailes de k-pop es el mismo cuento: adolescentes danzan las mismas coreografías de grupos surcoreanos, que han sido copiadas minuciosamente tras ver los videos unas mil veces en Youtube, mientras que su vestuario probablemente ha sido parte de una cansadora búsqueda por las tiendas de ropa usada. Y la verdad es que funciona. El hobby adolescente de la imitación saca un centenar de aplausos y también gritos ahogados que se consumen en el pesado aire del Aula Magna. Y mientras el público se manifiesta, pienso que ahora sí que de verdad estamos en China, Japón, Corea, donde sea.

foto06_nota02_2014Fuente: Blake Fotografía

Pero la magia asiática se rompe cuando una joven se me acerca y me dice que quiere conversar. Error mío al suponer que le gustaría ahondar en la importancia de eventos como Cosparty en Temuco o algo por el estilo. Estratégicamente me pregunta dónde compré el ramen y yo inocentemente le digo que en el puesto que está a diez pasos de nosotras, ahí donde dice “ramen” con letras rojas en grande. Me dice que quiere hablar de Dios y ahí mismo muere todo y me acuerdo que estamos en la Católica, con Asia al otro lado del mundo.

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